La verdadera historia de la erupción del Vesubio

En la mañana del 24 de octubre del año 79 (investigación reciente corrigió la fecha tradicional de agosto), los habitantes de Pompeya y Herculano se levantaron para un día normal. Comerciantes abrían sus locales, panaderos preparaban hogazas, niños iban a la escuela.

Ninguno sabía que estaba viviendo las últimas horas de su existencia.

La erupción del Vesubio que comenzó esa tarde fue uno de los desastres naturales mejor documentados de la antigüedad, gracias en parte al testimonio de un joven testigo presencial llamado Plinio el Joven, cuyo tío Plinio el Viejo murió en el evento.

La erupción comenzó alrededor de la 1 de la tarde con una explosión que mandó una columna de gas, ceniza y piedra pómez a aproximadamente 33 kilómetros de altura. Esta primera fase duró 18 horas. La lluvia constante de piedra pómez cubrió Pompeya. Las casas se llenaron, las calles se cubrieron, y el peso del material acumulado comenzó a colapsar techos y paredes. Muchos pompeyanos murieron aplastados por sus propias casas.

Herculano, ubicado al noroeste, parecía estar a salvo porque el viento llevaba el material en otra dirección. Los habitantes de Herculano, viendo la columna desde lejos, probablemente pensaron que estaban a salvo.

Pero alrededor de las 7 de la mañana del día siguiente, la situación cambió radicalmente. La columna se volvió inestable y comenzó a colapsar. Lo que vino después fueron los flujos piroclásticos: avalanchas de gas a aproximadamente 500 grados centígrados mezclado con ceniza y rocas, moviéndose a más de 100 kilómetros por hora.

El primer flujo golpeó Herculano. Los habitantes murieron instantáneamente. La temperatura era tan alta que sus cuerpos se vaporizaron en milisegundos. Los siguientes flujos llegaron a Pompeya.

Los pompeyanos que aún estaban vivos murieron en cuestión de segundos. Sin embargo, las temperaturas en Pompeya fueron más bajas que en Herculano. Los cuerpos no se vaporizaron, sino que fueron sepultados completamente bajo capas de ceniza fina.

Esta diferencia es la razón por la que Pompeya es arqueológicamente tan valiosa. En Pompeya, los cuerpos quedaron envueltos en ceniza que se endureció a su alrededor. Con el tiempo, los cuerpos se descompusieron, dejando huecos perfectamente formados.

En 1863, el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli tuvo una idea brillante. Inyectó yeso líquido en estos huecos. Cuando el yeso se endureció, obtuvo moldes exactos de los pompeyanos en sus últimos momentos.

Hoy estos moldes muestran a personas abrazándose, padres protegiendo a sus hijos, perros encadenados luchando contra la asfixia. Son las imágenes más impresionantes y conmovedoras de la antigüedad romana.

El Vesubio cambió la forma en que entendemos los volcanes. Antes de Pompeya y Herculano, casi nadie sabía qué eran realmente las erupciones volcánicas. El estudio detallado de estas ciudades fue el comienzo de la vulcanología moderna.

Más importante aún, el Vesubio nos enseñó sobre los flujos piroclásticos, el aspecto más letal de muchas erupciones. Antes de Pompeya, se asumía que la lava era el principal peligro. Ahora sabemos que los flujos piroclásticos son responsables de la mayoría de las muertes.

Aquí viene lo más alarmante. El Vesubio NO se ha extinguido. Es uno de los volcanes más activos del mundo. Nápoles está a solo 9 kilómetros del cráter. Aproximadamente 3 millones de personas viven en la zona de impacto potencial.

Los vulcanólogos italianos consideran al Vesubio como el volcán más peligroso de Europa. Una erupción del tamaño de la del año 79 hoy mataría potencialmente a cientos de miles de personas.

Pompeya nos enseñó que los volcanes son pacientes, pero no son mansos.

¿Alguna vez habías pensado en cuánta gente vive en la zona de peligro del Vesubio?

Nos vemos en la próxima historia.

30 Segundos de Ciencia

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